1 de octubre de 2012

Hola, no te conozco y vos no me conocés, pero vengo a hablarte con el corazón. Mira te cuento, mi corazón esta roto, está partido y su luz cada vez se apaga más, me vuelvo fría y pierdo el calor. Empiezo a sentir menos, a encerrarme más. Pero admiro la vida, admiro los colores que se cruzan en mis ojos cuando camino por la calle, disfruto levantar la mirada al cielo y ver sombras en los árboles que me hablan, ver la luna, MI LUNA, observandome y diciendome que aguante, que aunque nuestro exterior es frío en algún lugar del alma, no el corazón, del alma, tenemos una llamita, una lucecita que sigue fluctuando y haciendose sentir.
A veces, en momentos de nuestra vida sentimos que ya nada tiene sentido, que no servimos, que somos poca cosa, que nada vale la pena, pero ahí tenés que pararte y abrir los ojos, ABRIR LOS OJOS DEL ALMA y ver, VER LO QUE NADIE QUIERE MIRAR. Atreverse a caminar por la vereda y clavarle los ojos a alguna persona desconocida, mirarlo y hablar con la mirada, saludarlo y decime, después contame, si no sentiste por un momento su alma, si no tocaste por un segundo esa llamita y se sintio desprotegido.
Así es como voy por la vida, sintiendo al resto, pero sintiendolos de verdad, conociendo su alma sin que me den permiso, observando y haciendoles saber que los entiendo. Me gusta ser así, me gusta ayudar, me gusta dar un hombro a quienes les hace falta, ser un amigo aunque no seamos amigos, ser un apoyo, un muro, una pared. Pero como toda pared tengo mis quebraduras...
Quiero ser Psicologa para escuchar a quienes lo necesitan, no voy a ser distante con ellos. Sé lo que se siente querer gritar y no tener como, tener tantas palabras atascadas en la garganta que no sabes como sacarlas, tener un dolor en el pecho que te consume y cada día se hace más grande hasta que no distinguis donde empieza y donde termina. Quiero ayudarlos a sentir, a sentir lo que siento, transmitir mi aprendizaje y hacerlos fuertes. Ayudarlos a ver la vida, a redescubrir las maravillas, y que cada día, a pesar del dolor, abran los ojos y encuentren algo para ser felices, así vivo.
Una vez conté 25 mariposas a la vuelta del colegio, y fui feliz una semana.
Cada día cruzaba a unos nenes chiquitos jugando y era feliz por su inocencia esperando que jamás la pierdan.
Miraba a los ojos a viejitos y ellos me sonreían, dejaban que mire su alma, y ese permiso me hacia feliz.

Sobre todo amo el amor, pero duele amar, duele perder.

La vida es tan maravillosa, tan expectante, está siempre dispuesta a mostrarnos su luz, si estamos dispuestos a mirar.
Ya no sé que mas decir, estoy quebrada, por eso sirvo para sanar corazones heridos, que mejor doctor de almas quien siente en carne propia el dolor y el frío? Humildad.