¿Cuántas veces quise explotar? Viendo mis entradas anteriores es sorprendente la necesidad imperiosa de quitarme de encima éste dolor que se hizo mi amigo.
El dolor es optativo dicen, uno elige sufrir o no... Puede que sea verdad, pero admitir eso sería admitir que tantas veces nos acobardamos a la idea de dejarlo afuera, ¿Cómo seria vivir sin dolor?
Inimaginable.
Lo que es cierto es que nadie es capaz de decirte que sentir, cuando sufrimos, no lo hacemos por decisión, cuando amamos, no lo elegimos así. Los sentimientos son algo que, menos mal, sigue estando fuera de nuestro control, son incontrolables, ciertos de ellos, son seguros o inseguros, pero son por cuenta propia.
Sin embargo, éstos sentimientos nos forman, nos moldan como seres románticos que somos, y no hablo sólo de amor, sino de, básicamente, sentimientos, emociones. El poder sentir es una muestra de que el mundo no está del todo perdido, que ahora mismo leas esto y sientas y reacciones de determinada manera te demuestra que seguís vivo por dentro.
El dolor nos lastima, nos hiere, nos corrompe. Nos llena de miedo y dudas y cada día que pasa se va hundiendo más y más adentro, el tomar la decisión sacarlo puede ser fácil, pero el hacerlo no. Contar a alguien, amigo, amor, hermano, el porqué decidís caminar por la vereda de enfrente cuando ves un grupo de hombres, o porque bajas la vista cuando cruzas parejas o porque tenes ese increíble sueño de tener mellizos, puede ser complicado, difícil y aún más doloroso que seguir escondiéndolo.
